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Décima sesión - Lispector y Fonseca



ESTILO Y VIOLENCIA
Sobre Clarice Lispector y Rubem Fonseca





"En medio de la pánica llanura interminable,
y cerca del Brasil."

Hacia el Brasil nos dirigimos, a la tierra del gran Machado de Assis, ese país inmenso que no se acaba nunca de tan variado, de tan distinto. La Historia del Brasil es la historia de la congregación de todos los pueblos en un vastísimo territorio; así mismo es su literatura, ancha, pánica, colosal. Los escritores, dos de los referentes más importantes del siglo XX: Clarice Lispector y Rubem Fonseca. Una elección más bien dispar, casi antagónica, entrelazada quizás por el mismo sustrato literario del que ambos autores emergen sus creaciones, el dolor humano. De los cuentos que leímos este es el rasgo más significativo, la reflexión sobre el dolor, la incomodidad, la violencia y la gestación del mal en el ser humano. 

De Clarice Lispector, escritora polifacética y experimental, leímos Amor y Felicidad clandestina, dos relatos que dan cuenta justamente de cuán variada puede su literatura. De entrada, en ambos relatos, uno percibe que hay una pretensión por el estilo, por la palabra como materia plástica que se puede amasar, moldear, figurar y esculpir. Amor es un claro ejemplo de esta disposición en donde la anécdota subyace por debajo del estilo, sin que deje de ser fundamental. Por esto mismo se hace difícil resumir el cuento, en el que una mujer que sale a hacer la compra sufre una crisis de identidad al ver la imagen de un hombre ciego que masca chicle. Esto le produce, en un comienzo, un sentimiento de piedad, compasión y angustia. Luego todo es un torbellino de pensamientos y emociones. El sentido de la angustia no es diáfano, pero se intuye que tiene que ver con una vida cómoda, aparentemente realizada, feliz. Esta mujer necesita algo que la descoloque de la monotonía armónica en la que vive. El ciego que mastica chicle viene a cumplir este papel, aunque sea una imagen, por lo demás, un poco inocua. La cumbre del relato llega cuando la mujer parece fundirse con la naturaleza en su conmiseración, en su pequeño sobresalto. 

Si bien la escritura puede resultar confusa, en esta confusión radica su belleza. No es un lenguaje ordinario y coloquial el que nos propone Lispector, todo lo contrario, se aleja de la narración para darle paso a la poesía, a la prosa poética. Las imágenes, las metáforas, la construcción gramatical son la mayor invención de Lispector. Después los temas, claro, la compasión, la soledad de la mujer ama de casa, la corporeidad del otro en el que me siento identificado. 

Felicidad clandestina, por su parte, habla de la gestación del mal en la niñez. Cuenta la historia de una broma, aparentemente inofensiva, que le hace una niña a otra. Le asegura todos los días que le va a prestar un libro muy querido por la otra y cuando la niña va por él, le dice que llegó tarde, que ya lo prestó. Hasta que la madre de la niña bromista se da cuenta y resuelve en enredo. Aquí el momento más hermoso del relato, cuando la niña tiene el libro en su mano y se ejerce una erótica del objeto: lo toca, no lo toca, lo abre, lo olvida, lo sostiene, lo administra. Aquí la figura de la niñez es fundamental; recordemos que lispector también dedicó gran parte de su obra a la literatura infantil. Es inevitable reconocerse niño al leer el cuento, entrar en relación con una de las dos figuras, la niña bromista o la niña bromiada. 


Rubem Fonseca. El debate sobre Fonseca nos llevó casi dos horas, trataré de exponer por qué. Me referiré a los temas generales del debate, prescindiendo del análisis de los relatos en particular: Amarguras de un joven escritor y Paseo nocturno. 

Los cuentos, no sólo los dos que leímos sino los que recorren toda su narrativa, delatan la atracción de Rubem Fonseca por la violencia como tema narrativo, y el tratamiento crudo y descarnado con que esta violencia es narrada. Esto puede suscitar distintas reacciones en el lector: el que prefiere cerrar los ojos y mirar para otro lado, el que sigue a pesar de la incomodidad que le provoca, el que ve en esta violencia un retrato de la sociedad o el que de alguna manera disfruta con ella. El mismo Fonseca, en boca de uno de sus personajes, dice que el escritor debe “estar contra la moral y las buenas costumbres (...) Nuestro lenguaje debe ser el del no-conformismo, el de la no-falsedad, el de la no-opresión.” Y este punto, cosa que no debemos permitir, se funde en su propia poética la obra y el autor. Sin embargo, por mucho que queramos encontrar símiles, siguen siendo dos cosas independientes que habría que revisar con sumo detalle.

Ahora bien, nos preguntábamos al discutir los cuentos propiamente, ¿hasta donde la exposición de la violencia hace apología de la misma? Colombia, país no tan distinto del Brasil o de cualquiera de América Latina, ha estado impregnado por la violencia desde que sus albores y lo sigue estando, y la literatura sobre la violencia abunda y nauseabunda en las pretensiones de los escritores por retratar la realidad. ¿Qué hacer con estos temas? ¿Cómo narrarnos desde la situación violenta en la que estamos? ¿Qué hacer con figuras con Pablo Escobar y el narcotráfico? Hasta un punto es válido representar lo que somos, pero si es verdad que son las narrativas las que forjan a las naciones, ¿por qué no pensar en narrarnos distintos a ver si por fin dejamos de matarnos todos los días? 

En defensa de Rubem Fonseca cabe resaltar también la maestría literaria de su estilo. Si bien el tema de la violencia predomina, los personajes de Fonseca también se preguntan permanentemente sobre el oficio de escribir, sobre el arte de la literatura y sus fronteras, sobre la figura del escritor que solitario intenta dar cuenta de su mundo. La intertextualidad de la que están plagados sus textos es fantástica y enriquece cada cuento. Quien esto escribe, por su parte, seguirá leyendo a Fonseca y, cómo no, a Lispector y seguirá recomendando su lectura. El Brasil es ancho y ya vemos que sus letras portuguesas también.

Novena sesión: Arreola y Monterroso

Juan José Arreola y Augusto Monterroso son dos autores imprescindibles del cuento latinoamericano. Su obra es tan llamativa que decidimos tomar tres cuentos de cada autor, aprovechando que ambos se destacan en el cuento breve.

Empezamos con El guardagujas, de Arreola, y decidimos acompañar la discusión con la lectura en voz alta del cuento Ante la Ley de Kafka. En ambos casos, un hombre se enfrenta a un poder que no dimensiona, que se presenta a sí mismo como una fría institución burocrática y no es otra cosa que un laberinto borgiano. Ambos cuentos terminan con la incertidumbre de si el protagonista podría vencer al sistema al que se enfrenta, o si esta inexorablemente sujeto a sus designios. Además de esta dicotomía entre el sujeto y el poder, el cuento plantea todo un universo simbólico de la vida como un viaje en tren: esperamos que sea lo más planeada y concreta posible, pero puede resultar en los sucesos más inesperados. El guardagujas resulta siendo un cuento sobre la capacidad del hombre de elegir su propio destino.

Cuando empezamos a abordar La Migala, ese enigmático cuento del hombre que lleva a una araña peligrosa a vivir libremente a su casa, nos dimos cuenta de que cada uno había aventurado distintas interpretaciones sobre el significado de la araña. Es posible que Arreola lo haya concebido como un cuento lo suficientemente abierto, en el que además de diversas lecturas, caben las proyecciones mismas de cada lector, lo que para cada lector pueda significar la incertidumbre y la espera que caracterizan este relato.



Pasamos a Monterroso y su cuento Leopoldo (sus trabajos), el cual ocupó gran parte de nuestra discusión. Nuestro camino predilecto para entrar al cuento fue el de la empatía. Todos y todas nos sentimos identificados con el personaje de Leopoldo en alguna medida, ya sea porque llegamos a ejercer nuestros oficios o profesiones de una manera igual de azarosa, o porque nos sentimos en una interminable antesala del futuro que queremos. Con un maravilloso sentido del humor, que nos hace cómplices del relato, Monterroso expone algunos de los grandes demonios de todo escritor. El arte de la dilación, las numerosas revisiones de un mismo texto, las ideas que llueven y se acumulan en notas sin tomar forma de escrito, y quizás la peor, el terrible sino de ser considerarse escritor sin poder dar cuenta de aquel título sin sus trabajos. Es probable que Monterroso haya plasmado en este cuento la evolución de su propia escritura, pues después de mucha preparación, la búsqueda de Leopoldo se dirige hacia la brevedad de las formas.

Al día siguiente compró una retórica y una gramática Bello–Cuervo. Ambas lo confundieron más. Ambas enseñaban cómo se escribía bien; pero ninguna cómo no se escribía mal.

El Eclipse hace gala de esta magistral brevedad que caracteriza a Monterroso. Este cuento narra la burla de un fraile europeo en poder de los aztecas, que tomando a sus captores por ignorantes planea engañarlos y termina siendo víctima de su propia ignorancia. Este texto es una subversión del viejo cuentico según el cual los españoles dominaron a los aborígenes americanos con espejos e ilusiones. Las culturas precolombinas, si bien estaban en un estado de desarrollo diferente al Europeo, contaban con vastos conocimientos en astronomía y matemáticas. El "arduo conocimiento de Aristóteles" de Fray Bartolomé Arrazola no le dio para salvar su vida.

Por su parte, el icónico cuento El Dinosaurio, ya conocido por la mayoría, nos permitió redondear la idea de que a mayor brevedad, mayor destreza se requiere del escritor.

Los diferentes cuentos de estos dos autores generaron en cada lector una reflexión interna y una mirada a estos tiempos en los que el tren de los acontecimientos parece haberse detenido en una estación  inesperada. Aprender a convivir con la incertidumbre requiere que nos llenemos de toda la inspiración, voluntad y sentido del humor que nos sean posibles.

Octava sesión: Helen Keller y Eloy Tizón


Generalmente, cada sesión suele tocar temas distintos a la anterior. Todo depende de los temas y el estilo de los autores leídos y en parte, del estado de ánimo e inquietudes que tengan los participantes. No obstante, la sesión del domingo 10 de mayo, además de llevarse a cabo el día de la madre, tuvo elementos particulares que la volvieron especial, con respecto a las demás. En primer lugar, porque en esta ocasión se rompió un poco el protocolo y no se podía hablar de los textos del día como “cuentos” en un sentido estricto. Nuestro primer texto es más cercano a un ensayo a partir de una condición personal de la primera autora. Al tratarse de una autora con sordomuda y ciega, su única relación con el mundo exterior está mediada a partir del sentido del tacto, del olfato y de su propia imaginación. Los otros dos cuentos escritos por Eloy Tizón, si bien se pueden considerar relatos, formalmente tienden a una fragmentación en las cuales los hechos ni siquiera resultan siendo secundarios, sino pequeñísimos detonantes insinuados de posibilidades desconocidas. Lo que prima en los cuentos de Eloy Tizón son temas secundarios, frases azarosas al estilo de los poetas surrealistas y un lenguaje riquísimo en imágenes, ideas inconexas y percepciones sensoriales, no ausentes de belleza.
Por otra parte, los participantes encontraron en ambos autores una cercanía a la situación actual de encierro y virtualidad. Helen Keller es la autora del silencio y del contacto físico como medio expresivo. El tacto por sí solo le permite percibir muchas posibilidades que el resto de las personas que poseen los cinco sentidos, no se permiten. La distracción de los estímulos que dan el oído y la vista nos alejan de todas las posibilidades que Keller experimenta en el tacto y que además potencia con el poder de la imaginación. No existe para ella la necesidad ni la posibilidad de hablar. Dentro del silencio y la oscuridad, el mundo crece sin barreras, mientras que nuestra situación de pandemia nos ha privado salvajemente del contacto físico. El mundo de Helen Keller es opuesto al que las circunstancias nos han impuesto, ya que incluso las pantallas nos han robado el privilegio del silencio y de una genuina relación con el otro, incluso en su modo de pensar. Ahora el usuario bloquea y niega lo que ve pero no puede aceptar.
Paradójicamente, el universo de Eloy Tizón está abarrotado de estímulos. Sus textos son muy cercanos al discurrir de la conciencia propuesto por autores como Joyce y su idea de imaginación está en el ruido. La acumulación de lugares y de experiencias genera una angustia similar a la del insomne que no puede dormir porque su cabeza vuela hasta el infinito. Lo paradójico de ambos universos es que mientras Keller desde su privación sensorial nos habla del afuera de su imaginación, Eloy Tizón invita a interiorizarse en el lenguaje de la mente, a partir de la impresionante cantidad de colores y ruido que se acumulan en sus páginas. No se trata únicamente de la angustia de lo que no se detiene ni la expectativa de lo que nunca va a contar. Se trata de la belleza que pasa ante nuestra imaginación veloz y efímera. Leer los cuentos de Eloy Tizón es como mirar la belleza del paisaje a través de la ventana en movimiento. Lo verdaderamente importante quedará insinuado y permanecerá la sensación. La belleza y la angustia en un único viaje que se acaba sin previo aviso.
Tener como protagonistas el ruido y el silencio en un día de la madre llevaron a muchas de estas reflexiones. Ambos autores, tal vez sin desearlo, terminaron hablando acerca de la distancia entre individuos. El tema, además de ser importantísimo en la actualidad, permitió que los asistentes disfrutaran (o padecieran tal vez) de lo que significa el silencio de los otros, no necesariamente como algo incómodo, sino tal vez como una forma de abrazar al otro, más allá del contacto físico.


Séptima sesión: Berlín y Calvino


PONERSE LAS GAFAS


BERLÍN - CALVINO

Muy pronto nos dimos cuenta qué lejos estaban los dos autores que escogimos para esta sesión. En apariencia nada los emparentaba más allá del simple capricho de unirlos y leerlos en conjunto. Es muy poco probable que se conocieran e incluso que se hubieran leído entre sí, condición que al menos cumplían las anteriores parejas. De todos modos fue una lectura de lo más gratificante que despegó hacia lugares no transitados hasta el momento.


De Ítalo Calvino elegimos dos relatos de la colección Los amores difíciles. Un libro de aventuras amorosas y estilísticas en el que Calvino juega con la idea del amor en sus trece relatos. Digo con la idea del amor porque casi todos los cuentos reposan al margen de lo que pudo ser, transitan en el límite de lo imaginado o lo anhelado; nunca en su realización. Son amores difíciles, sí, pero sería más preciso hablar de amores ausentes, como lo propone la prologuista de la edición Andanzas. En todo caso el autor plantea un roce de la flecha de Cupido en los personajes que los modifica en su cotidianidad. Son circunstancias efímeras en las que el amor parece jugarles una broma a los personajes y que termina por llevarlos a una epifanía (anagnórisis) final.

En Aventura de un miope, el protagonista, a causa de su enfermedad ocular, debe empezar a usar gafas por primera vez en su vida. Esto marca el comienzo de su aventura y plantea para él una doble paradoja. Si bien Amilcare Carruga es un personaje discreto y modesto consigo mismo, la elección de los lentes con los que ahora puede disfrutar del mundo exterior, lo anula de los demás, que no lo reconocen; sin ellas, en cambio, lo pueden ver, pero se le hace imposible distinguir cualquier rostro. Con este dilema encima, renovado consigo mismo, decide volver a su pueblo natal en busca de Isa María Bietti, el amor de su vida. Allí se enfrenta directamente con la paradoja y termina descubriendo que esta fue quizás su última “gran” aventura. No hay amor posible.

El cuento se nos planteó en varios sentidos: en un cierto afán que tenemos todos, por modestos que seamos, de ser reconocidos por los otros; en las gafas como símbolo de los ojos del amor que nos ciega de alguna manera a cosas que no queremos ver del ser amado o del amor en sí mismo; en la idealización que convencionalmente se nos ha impuesto como la narrativa del amor; en la necesidad de repensar esta idea.

En Aventura de una mujer casada, el conflicto radica en la idea del adulterio. La mujer, tras pasar toda la noche con un joven, llega a su casa a la madrugada siguiente inquieta por tal idea, a pesar de que no pasó nada. Quiere evitar a toda costa ser vista por su portera, así que decide tomarse un café. En el café, sin embargo, se siente distinta, libre y alegre, y entabla conversación con los hombres que van llegando a esa hora, un noctámbulo, un cazador, un obrero. Los diálogos -por demás muy bien escritos- soportan la anagnórisis del personaje quien al final comprende que algo había cambiado para siempre en ella. “Había sido éste su adulterio: estar sola entre ellos, así de igual a igual”.

Como se puede ver, aquí hay una distinción de género, un ascenso de la mujer que al verse liberada de sus propios prejuicios, se siente igual e incluso flotando por encima de ellos, los hombres. No deja ser igualmente paradójico que el temor de la vigilancia provenga de otra mujer (la portera). La epifanía se da en tanto que la mujer ahora se siente capaz de hacer cosas que antes no podía y se abren las puertas de su revolución.





Por el otro lado tenemos a Lucía Berlín, escritora norteamericana y autora del libro Manual para mujeres de la limpieza, del que escogimos los dos relatos. Hay en sus cuentos una reivindicación de la tradición norteamericana de resaltar la vida cotidiana en la literatura. Una pretensión estética de lo ordinario, de llevar a la ficción esas pequeñas grandes tragedias que a todos nos tocan y que, cuando las leemos bajo su pluma, nos hace sentir redimidos ante nuestra propia futilidad. Cada cuento parece un testimonio íntimo de una pequeña parte de la vida, un pedacito de un rompecabezas gigante sin el cual la imagen de la la totalidad de la existencia quedaría incompleta. La vida del indio de Lavandería Ángel, borracho, forastero y exótico, es tan importante como la vida de Jefferson o Hamilton.

Un comentario sobre Manual para mujeres de la limpieza, cuento que da título a su libro. Es el cuento que lleva en sí mismo todos los elementos que acabo de especular. Si se quiere podría leerse en clave de autoficción, tan de moda en estos tiempos, pero creo que la literatura toda es autoficción y ninguna lo es estrictamente: de eso se trata. De manera que el cuento recoge las impresiones que tiene una mujer del servicio de limpieza sobre su oficio al que se ve obligada a ejercer por la reciente muerte de su marido, al que, de paso, le cuenta todo aquello. La protagonista recorre la ciudad mientras recorre la vida de las familias para las trabaja, al tiempo que habla sobre su propia vida y da consejos prácticos al resto de mujeres de la limpieza.

El cuento es un paneo bien amplio de toda la sociedad norteamericana. Hay ricos, pobres, judíos, negros, niños, automóviles, buses, alcohol, pastillas estimulantes, ceniceros llenos, monedas de diez centavos, cheques, bancos, viejecitas, la vida pasando en un total de diez páginas. Asombra la capacidad de observación -ponerse las gafas- que tiene Lucía Berlín para mostrarnos la vida y su técnica narrativa tan simple y tan compleja a la vez.

Para nosotros fue un gran hallazgo, quizás para ustedes también. No duden en leerla.

Sexta sesión: Gabo y Marvel Moreno

No conocíamos a Marvel Moreno. Sin embargo, llegó a nuestras manos y no lo pensamos dos veces antes de incluirla en este ciclo de cuentos. Se trata de una autora barranquillera que dejó una rica obra, no lo suficientemente reconocida. Decidimos leer y discutir el cuento La hora del gato, sin embargo recomendamos otros de sus cuentos como: Algo tan feo en la vida de una señora de bien y El revólver.

La hora del gato narra la historia de una mujer que engaña a su marido durante 20 años y de cómo este intenta entender sus razones desde la más profunda impotencia. La relación de esta pareja podría ser un estereotipo de la familia perfecta, y él, del marido perfecto, viéndolo desde la perspectiva de una sociedad conservadora que ante todo guarda las apariencias. Él cumple su "principal rol social": tiene un buen trabajo y mantiene a su esposa y a su familia. Ella, por su parte, es una excelente madre. Sin embargo, la autora nos va adentrando en la historia privada de la pareja y nos enteramos que por retenerla a su lado, él absorbió y limitó por completo la vida de ella.

Marvel Moreno maneja un claro enfoque feminista que combina la narración de la historia, con la crítica social. Al contarnos una a una todas las acciones que el marido emprendió para apropiarse de la esposa, y después, al enterarse de sus infidelidades, sus intentos para complacerla, el cuento nos devela los mecanismos tácitos y abiertos de explotación que ejerce el machismo sobre las mujeres. Moreno tiene el ingenio para que el cuento no se vuelva un discurso politizado, porque elabora tan bien el entramado y las características de estos dos personajes, que entendemos que ambos actúan enmarcados en su pasado, su contexto y sus relaciones. Además de eso, deja claro que estas características hacen parte de determinada clase social, la cual critica y ridiculiza.

Tener el cuento narrado desde la perspectiva del esposo permite, si no simpatizar con él, entender que su culpa no es consciente. El machismo es un problema tan estructural que el mismo hombre es víctima y victimario de su conducta.




Por otra parte, García Márquez nos pareció un autor imprescindible para el ciclo de cuentos, no obstante, decidimos buscar cuentos de su bibliografía que se desenmarquen de las narrativas costeñas y "macondianas" que tanto han marcado la memoria de sus lectores. Estos fueron La luz es como el agua y El avión de la bella durmiente, ambos pertenecientes al libro Doce cuentos peregrinos.

La luz es como el agua se sitúa en Madrid, lejos del mar y de grandes ríos, donde dos niños cartageneros añoran navegar y bucear. La explicación que da García Márquez a la metáfora central del cuento es bellísima, porque además lo sitúa como narrador del cuento. En un "seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos" uno de los niños le pregunta sobre la electricidad y él responde que la luz es como el agua, que sale cuando abres la llave. Aunque esta explicación se halle en el cuento como una "ligereza", expresa un sentido muy profundo sobre la escritura: el encuentro entre un experto en poesía y la inocencia de un niño da lugar a una metáfora y esa metáfora, a su vez da lugar al cuento.

Esta poesía de los utensilios domésticos, y también de los espacios cotidianos, esta presente en ambos cuentos. Vivimos rodeados de cosas que apenas percibimos. Un día podríamos levantarnos de nuestra cama, en nuestras casas y mirando con nuevos ojos podríamos reconocer un montón de significados acerca de los objetos que tenemos más próximos y la manera en como están configurados nuestros espacios. Precisamente esta cuarentena ha sido un momento especial para mirar con detenimiento lo que teníamos más cerca, estamos re-significando nuestras rutinas, espacios y objetos.

En el caso de ambos autores, sucedió que viajaron y escribieron gran parte de su obra fuera de Colombia. Nos suscitó esta pregunta: ¿Qué le dice el realismo mágico a la gente fuera de Colombia? ¿sigue siendo Latinoamérica una tierra mágica, una tierra de sueños?

Quinta sesión: Julio Cortázar y Franz Kafka

Para comenzar la discusión, se hizo una introducción acerca de la obra de Cortázar como el autor que para muchos de los presentes, los introdujo de alguna forma u otra en la lectura desde la adolescencia. Las citas de sus frases, los fragmentos de Rayuela y las historias de famas y cronopios han estado presentes en muchas de las conversaciones de los lectores e hicieron de Cortázar un autor común en el imaginario de muchos, del cual se habla mucho pero que no se lee tanto. En esta ocasión, los cuentos seleccionados fueron La noche boca arriba y Las Ménades.
Junto con Cortázar, el cuento seleccionado de Franz Kafka fue Josefina la cantora o el pueblo de los ratones. Se trata de un texto de un estilo muy alejado al que Cortázar tiene en los dos cuentos anteriores, pero a pesar de sus diferencias formales como el narrador, que en el caso de Kafka hay intervenciones en primera persona desde sí mismo aunque la narración sea en tercera y el desarrollo lento de la trama que parece subsidiario de un tema que quiere desarrollar (en ese aspecto tiene similitudes con Kundera), ambos cuentos dieron pie a un tema alrededor del cual se discutió toda la sesión: el arte como símbolo de status. Especialmente en la música.
En las tres historias, el tema del arte está presente, sobre todo en el caso de Josefina la cantora y Las Ménades. Con respecto a La Noche boca arriba, si pudiera haber alguna referencia al tema, sería más específicamente al arte en un sentido ritual y religioso, mucho más ligado a una cosmogonía indígena. Por otra parte, los cuentos restantes hablan de la relación entre la música y el público desde lo popular y lo burgués. La discusión también se trasladó a la figura del artista y cómo puede ser o no venerado o destrozado por su público.
Curiosamente y aunque no se conectara a propósito en la sesión, el tema inicial tiene algo que ver con la visión del arte como símbolo de status. La discusión acerca de un autor del cual se habla más de lo que se lee podría darse también para describir una situación como la asistencia a un concierto de música clásica, la enumeración de autores o compositores supuestamente leídos y el protocolo que se crea alrededor de las obras. No obstante, todo deriva en un frenesí inducido por el fanatismo exacerbado en medio de la función. Por otra parte, Kafka describe a Josefina la cantora como un personaje apreciado por todos los habitantes de "nuestro pueblo”. Se trata de una mujer que canta por medio de chillidos desagradables y aun así es admirada por todos al igual, por más que se da por entendido que la población no tiene ningún tipo de conocimiento musical.
La cultura como símbolo de estatus aparece en el cuento de Cortázar como una forma absurda de obtener distinción social, mientras que por el lado de Kafka se trata de un extraño rasgo de homogeneidad dentro del pueblo. Además de lo anterior, se hace una distinción especial entre la calidad de la obra y la recepción que la gente tiene de la misma, mucho más en dos núcleos en los que la falta de conocimiento de las obras es equivalente a no pertenecer a ese mismo núcleo social.

Cuarta sesión: J.D. Salinger y John Cheever



Sociedad y cuento Norteamericano

Sin duda la narrativa norteamericana del siglo XX, una de las más ricas y variopintas de toda la historia de la literatura, describe como ninguna los pormenores de una sociedad que a pesar de la voluptuosidad de su riqueza esconde detrás amargas verdades individuales. La cuentística de John Cheever y J.D. Salinger, dos grandes entre los grandes del género, lo confirma. Si bien los cuentos están enmarcados en un ambiente de prosperidad económica y desarrollo social, con Estados Unidos como vencedores de la guerra, algo parece no engranar muy bien en los individuos protagonistas de estos cuentos, un desarraigo, un cierto malestar, una incomodidad que les impide vivir el paradójico sueño americano.

Comencemos con Para Esmé, con amor y sordidez de J.D. Salinger, cuento perfecto por donde se le mire en términos narrativos. La técnica narrativa está dada a la manera de un Long Play. Es decir, un lado A, una escena aparentemente cotidiana, una conversación en un café entre un soldado de una brigada norteamericana y una niña muy particular que tras conocerse le pide al soldado que mantengan una correspondencia y que, si puede, si después de la guerra todavía tiene las facultades intactas, le escriba un cuento sórdido para ella. Y un lado B, el cuento sórdido que escribe el sargento, después de la guerra, para la niña en el que el narrador, es evidente, ya no tiene las facultades intactas. Lo maravilloso del final sucede cuando uno descubre que el mismo narrador del lado A (contado en primera persona), es el protagonista del lado B (narrado en tercera). El cuento, o mejor, los dos cuentos que hay en el relato, se dejan leer tanto en lo tierno como en lo sórdido. En el lector queda una vinculación casi afectiva con los personajes y por debajo pasa el material temático que parece rodear al cuento: la locura de la guerra. El tema se toca en un par de ocasiones durante la narración, pero parece ser la preocupación de Salinger, quizás por su experiencia personal. “Todos los norteamericanos estamos locos de una u otra manera” o “La guerra nos enloquece”, me aventuro a pensar que nos quiere decir el autor por debajo de la fábula.

De John Cheever comentamos dos cuentos, La geometría del amor y El nadador. Sobre el primero hubo mucha tela para cortar. El cuento, para unos, narra la imposibilidad de entender el amor de una manera racional; para otros, en cambio, la posibilidad. Nuevamente estamos ubicados en una sociedad norteamericana positivista y cientificista. El protagonista, agobiado por la imposibilidad de llevar un matrimonio feliz, inventa un método para tratar de poner su vida en equilibrio partiendo de la teoría geométrica de Euclides desde el que comienza a analizar todos los aspectos de su vida. Bien, las preguntas que surgían a partir de la trama eran, ¿se puede entender todo a partir de las ciencias exactas, como el amor, la soledad, el abandono? En caso de que sí, como nos lo demuestra el cuento, ¿resuelve algo pensarlo todo de esta manera? En el auditorio, dos posiciones. La que opina que sí, que la ciencia podría llegar a dar claridad sobre todas las cosas, y la que cree que siempre hay algo que se le escapa. El cuento no resuelve muchas cosas respecto a las preguntas que nos hacíamos y más bien el final es confuso, con la muerte del protagonista y con su esposa apurando el desenlace. Desde el punto de vista narrativo y temático, el cuento es geométrico, un triángulo cuyos vértices son el amor, la ciencia y un hombre cualquiera.

Pasemos a El nadador. En ninguno de los anteriores cuentos la crítica a la sociedad es tan abierta, simbólica y metafórica como en este; siguiendo la tesis de Piglia de que toda historia cuenta dos historias. La capa de la superficie del relato cuenta la historia de Neddy Merrill, que una tarde de domingo decide regresar a casa recorriendo a nado todas las piscinas de su condado. En un principio, el recorrido refleja el ambiente de prosperidad y de abundancia en la vive la sociedad, lo tratan bien a donde quiera que llega, como quien hace parte de aquel círculo, pero a medida que Ned se va a acercando a casa, tanto las piscinas como el ambiente se van volviendo turbios y enrarecidos. Al final, como despertando de un sueño, Ned descubre que su casa está vacía y que no puede entrar en ella.
Este cuento podría leerse como el declive moral de toda la sociedad norteamericana representada por Ned, del que a su vez inferimos que ha caído en desgracia de un glorioso y próspero pasado. Podría pensarse también que el cuento refleja la falsedad de las relaciones humanas, la hipocresía y el materialismo en sociedades capitalistas como esta. O el inefable paso del tiempo de un hombre que se va volviendo viejo con todo lo que lo rodea. El cuento permite todas las interpretaciones posibles porque está lleno de metáforas, de símbolos: la naturaleza que envejece, las piscinas que se secan, los químicos que van apareciendo, la casa cerrada, la soledad del nadador, su posible locura. Esto hace que el lector, al terminar de leer, crea que algo se le escapa, fuera de la anécdota.

No pierda la menor oportunidad de leer estos dos cuentistas. Valen oro.

Tercera sesión: Chéjov y Flannery O'Connor


En esta sesión contrastamos el cuento El beso, de Anton Chejov, con Un hombre bueno es difícil de encontrar, de la autora estadounidense Flannery O'Connor.

No pudimos evitar, en el caso de Chejov, hacer asociaciones con sus obras dramáticas como El jardín de los cerezos y La gaviota. Sumergidos en estas comparaciones, identificamos un elemento que creemos transversal a la obra del autor ruso: los personajes pueden tener propósitos o deseos, pero están sumidos en la inmovilidad y no los cumplen por razones aparentemente incomprensibles. Y es justamente eso lo que lo hace un autor tan revolucionario para su época: expone los motores invisibles, pero implacables, de la conducta humana. Por un lado, explora la psicología del personaje de Riabóvich, un personaje en su exterior tosco, retraído, pero con una vida interna inmensamente sensible y romántica. Y por otro lado nos muestra las barreras sociales y de clase, que hacen que un deseo como el de Riabóvich, de encontrarse con una desconocida de la cual solo sabemos que hace parte de una familia adinerada, sea imposible. Es así como Chejov logra plasmar en su obra una síntesis de la literatura rusa del siglo XIX, recogiendo elementos del naturalismo y de la novela psicológica.

Disfrutamos mucho al personaje de Riabóvich porque es muy sencillo identificarse con él. Sentir toda la inocencia e ingenuidad del primer beso, las fabulaciones de lo que pudo haber sido y no fue, y toda esta suerte de idealización que termina siendo más nociva e hiriente que la realidad. De alguna manera u otra, todos hemos pasado por eso.

Y el mundo entero, la vida toda, le parecieron a Riabóvich una broma incomprensible y sin objeto. Apartando luego la vista del agua y tras haber elevado los ojos al cielo, recordó otra vez cómo el destino en la persona de aquella mujer desconocida lo había acariciado por azar, se acordó de sus ensueños y visiones estivales, y su vida le pareció extraordinariamente aburrida, mísera y gris.

Este final desesperanzador también nos pareció muy propio de los personajes de Chejov, que acaban dándose por vencidos y entregados a la banalidad de la vida.


Seguimos con el cuento de Flannery O'Connor, entusiasmados por discutir a la primera autora de este ciclo.  O'Connor creció en en sur de Estados Unidos y gran parte de su obra plasma las costumbres y características de la vida sureña. Un hombre bueno es difícil de encontrar es un retrato de una familia norteamericana "cliché", cuyos rasgos son llevados hasta lo grotesco.
A pesar de que el cuento nos muestra a una familia nuclear (padres, hijos y abuela), los roles familiares están totalmente desdibujados, dejando en evidencia una relación familiar rota, deshecha.
La familia recorre su camino vacacional hacia Florida, mientras la abuela mira por la ventana del auto y recuerda los tiempos de las grandes plantaciones de algodón. Sus recuerdos están llenos de nostalgia del pasado, de una vida idílica que tenían en esas provincias antes de que las "cosas" cambiaran. Su memoria le juega una mala pasada y queriendo guiar a la familia hacia una casa antigua, termina provocando que tengan un accidente en una carretera escondida. Allí los encuentra el Desequilibrado, un criminal que se fugó de la cárcel, el cual le expone a la abuela su sentido de la justicia mientras hace que sus hombres asesinen al resto de la familia.
Este crimen terrible con el que concluye el cuento de O'Connor tuvo la particularidad de estar precedido por una presentación de los personajes que nos aleja de sentir empatía por ellos. Los miembros de la familia se muestran hoscos, groseros y patanes, particularmente los niños, cuyo trato despectivo con la abuela, muestra la decadencia de los valores familiares. Por el contrario, el personaje del Desequilibrado, en lugar de ser descrito como un villano, toma la voz y expone los motivos por los que hace lo que hace y en algún momento se muestra incluso tierno y compasivo con la abuela. Con esta inversión de roles, la autora juega a desdibujar los límites entre el bien y el mal.

En este cuento, al igual que en El beso, las barreras sociales son parte importante de la construcción de los personajes. Una de nuestras grandes conclusiones fue que ambos, O'Connor y Chejov, son autores con un agudo sentido del contexto social.

Segunda sesión: Borges y Poe

Continuamos, en esta oportunidad, discutiendo sobre la obra de Edgar Allan Poe y Jorge Luis Borges, esta vez con dos cuentos de cada autor. Por un lado, reivindicando el género policiaco, que justamente instaura Poe, leímos El misterio de Marie Roget y el excepcional cuento de Borges La muerte y la brújula.

Respecto a El misterio de Marie Roget hubo un comentario generalizado sobre la extensión del relato, al que, según algunos participantes, podrían sobrarle algunas páginas de detallada descripción de las pruebas con las que el detective Dupin realiza la investigación. Sin embargo, se consideró a su vez que la época en la que estaba escrito el relato, influida por el positivismo científico y una reciente incursión de la prensa sobre la opinión pública, obligaba a la extenuación del detalle y beneficiaba la intriga de la resolución, como opinaron otros. Esto dio pie para una exposición sobre la naturaleza de este género narrativo surgido a mediados del siglo XIX, en donde la intención del autor es proponer un juego de adivinanzas, un reto intelectual de carácter deductivo, a manera de ajedrez, a sus lectores. En esta dinámica de quién logra descubrir el caso se mueve toda la literatura detectivesca y moldea las características de tantos detectives famosos (Dupin, Holmes, Marlowe, el Padre Brown, Poirot, Bustos Domecq...) en las maneras de resolver los crímenes retratando las distintas culturas desde donde son escritos y valorando la astucia, la perspicacia y la inteligencia de los protagonistas. También se planteó, volviendo a la obra de Poe, la particular fijación por los personajes obsesivos en altos niveles, personajes que siempre parecen estar rozando los límites de la razón o inmersos en la locura. Un tema que interesó no sólo la literatura de Poe, sino su vida.

Borges, por su parte, heredero y amante de esta tradición, lleva el género policiaco al límite de sus posibilidades en un juego de doble espejo enfrentado. En el caso de La muerte y la brújula, es el asesino quien juega con el ingenio del detective para matarlo, proponiéndole una serie de pistas falsas que lo hacen creer que está resolviendo el caso cuando en realidad él mismo es el objetivo del crimen. La simetría y la perfección del relato son sorprendentes, así como la resolución, que ni el personaje, ni el lector sospechan. Con esto, Borges parece estarle jugando una broma al género detectivesco, a los lectores, a su ingenio, a la literatura misma, hecho que demuestra el final del relato, cuando Lönnrot, el detective, le propone a Scharlach, el asesino, que la próxima vez que lo mate use una estrategia más fácil, en línea recta, con otra operación matemática, y no en losanges, más larga en todo caso. Con Borges, concluímos, todo parece una broma y así debe leérselo, sin excesiva seriedad, sin tomárselo demasiado en serio, como piensan algunos.

Sigamos con Borges, pero esta vez con Pierre Menard, autor del Quijote, cuento nos llevó gran parte de la discusión. El debate central surgió a partir de la pregunta sobre la originalidad de la obra, tema central del relato. Recordemos que Pierre Menard, escritor y académico francés, decide escribir nuevamente el Quijote, pero escribirlo espontáneamente, no copiarlo, sino volverlo a escribir: “producir unas páginas que coincidieran—palabra por palabra y línea por línea—con las de Miguel de Cervantes”. Esto nos llevó a ciertas paradojas interesantes sobre la autenticidad de cualquier obra en el arte contemporáneo, donde no hay casi nada original y el arte se constituye de permanentes intervenciones y referencialidades, sobre todo en las artes plásticas, literarias y representativas, de donde venimos casi todos los participantes del club. Hablamos también sobre los procesos históricos de la creación y lo azarosa que puede ser la aparición de una obra como El Quijote, que bien pudo no haberse escrito, pero que una vez escrita ha dado pie para tantas y tantas interpretaciones subsiguientes, así como de importancia de la crítica en la glorificación de cualquier texto, o en nuestro caso, de la obra de Cervantes, que se nos presenta como el texto fundacional de la novela moderna y como máximo exponente de nuestra lengua castellana. Y nos preguntábamos, si tuviéramos que elegir una obra para enseñar de nuevo el idioma castellano, ¿cuál escogeríamos? Las respuestas, como el análisis del cuento de Borges, fueron bien diversas y amplias y fueron muchos más los temas que se tocaron que no es posible añadir en este espacio. Al final nos dimos cuenta de que Borges es eterno, infinito, múltiple, variable, un Aleph, y a pesar de todo esto, no deja de ser simple literatura.

Esta apertura de temas que incitó el cuento de Borges impidió un análisis más profundo sobre El corazón delator de Poe. Se rescató la habilidad narrativa de Poe para generar terror en los lectores y se insinúo si este corazón palpitante que lleva al protagonista a la confesión de su crimen podía estar relacionado con una mirada moral de la culpa. Como sucede con los grandes autores y los excelentes cuentos, fueron más las preguntas que quedaron en el aire que las conclusiones a las que se llegaron.

Primera sesión: Borges y Poe - El Aleph y Berenice

Nuestro nuevo ciclo de cuentos da inicio con dos autores especialistas en este género, de los cuales hemos seleccionado una obra de cada uno: El Aleph de Jorge Luis Borges y Berenice de Edgar Allan Poe. A pesar de las evidentes diferencias entre ambas obras, los lectores abrieron la discusión a partir de un punto en común que no será el único en la discusión: la muerte de una mujer. En ambas obras, este suceso es un punto de partida y plantea dos visiones distintas de la muerte: por un lado, Borges expone la muerte de Beatriz Viterbo con consternación y admiración, pero dentro de la lógica del paso del tiempo, mientras que la muerte de Berenice es terriblemente dolorosa y llevada hasta el punto de la obsesión enfermiza. Mientras Borges asume la muerte como una condición humana inscrita en lo metafísico, Poe la expone desde la putrefacción y la corrupción del cuerpo. Ambos narradores expresan la falta que ambas sienten, pero solamente Poe se aferra a su imagen. La presencia de un cuerpo humano y su descripción son determinantes para Poe, mientras que Borges no hace mención alguna al respecto, pues sus intereses son otros.
El interés de Borges en el Aleph está enfocado hacia la idea de lo infinito y lo eterno. Como lo expresa con la cita de Hamlet al inicio del relato, su deseo es condensar lo absoluto dentro de un cascarón de nuez, de la misma manera como su personaje, Carlos Argentino, lo intenta en sus versos, logrando un efecto opuesto. (Se llegó a insinuar en la discusión que Carlos Argentino es una parodia que hace Borges de sí mismo.) El Aleph, entendido desde su significado, es la primera letra del alfabeto hebreo y como tal, su presencia abarca todo lo existente. Aunque el lenguaje no baste para contener el infinito (Y Borges lo reconoce en su texto) una sola letra lo puede contener perfectamente. Por otra parte, Poe no se interesa por el infinito. Su narrador comienza exponiendo la anterior alegría como el origen de su desdicha. Poe alude a los opuestos conectados entre sí como si fueran colores de un mismo arcoíris, pues su tristeza nace de recordar su antigua alegría. Sus recuerdos y su enfermedad mental que es fundamental en su obra le impedirán distinguir lo que es real de lo que no. El Aleph, por otro lado, no considera opuestos ni pone en cuestión la realidad visible.
Con respecto al lenguaje de ambos relatos, la emotividad, los colores y las descripciones detalladas de Poe se diferencian del uso de citas de autores, las alusiones metalingüísticas y la fina ironía que usa Borges para referirse a sí mismo, a su oficio y a sus personajes. Si bien el uso de la primera persona es común a ambos relatos, Poe le da voz a un personaje inventado que podría estar cargado de sus mismos dolores y que tiene rasgos identificables en otros textos de su obra y en su misma biografía, sin aludir directamente a sí mismo. Borges, en cambio, no teme ponerse a sí mismo dentro de la obra. Borges está presente en su texto como autor, lector, personaje y parodia de sí, de la misma forma que hace del Aleph su espejo, su escenario y su punto de observación. La multiplicidad de Borges vistos por sí mismo contrastan con la percepción del mundo de Egaeus (personaje de Poe) cuya locura lo obliga a fijarse obsesivamente en un único detalle sin generar posteriores reflexiones. La duda de su realidad y su idealización con Berenice salen de esta locura. Egaeus solo la ama cuando la recuerda y por eso el deterioro físico de esa mujer idealizada, paralelo al deterioro mental del hombre que la idealiza, lo lleva a sufrir.
Al momento de cerrar la sesión surgieron dos reflexiones finales. La primera fue la posibilidad de olvido como sanador en ambos textos, pues Borges se libera del insomnio que le causó ver el infinito en un único punto a partir del olvido, mientras que en Poe se hace evidente que es su recuerdo de Berenice lo que le causa tanto sufrimiento. Poe no deja abierta posibilidad para el olvido. La segunda tiene que ver con la visión del hombre moderno de Carlos Argentino: encerrado en su habitación pero con mil instrumentos para comunicarse con los demás. Por un lado, estamos sometidos a un bombardeo de información asequible fácilmente pero desordenada, simultánea y permanente, lo cual nos aleja de la locura obsesiva por el detalle de Poe y nos acerca al frenesí simultáneo que impide a Borges dormir. Sin embargo, en tiempos de cuarentena, este es nuestro único contacto posible con el mundo y es precisamente esa posibilidad que da “el Aleph” lo que nos concede llegar a gente, lecturas, obras, películas, músicas y reflexiones que de otro modo serían inalcanzables para la mayoría de las personas.