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Octava sesión: 7. La sonrisa de Karenin

Hemos llegado al último capítulo de La insoportable levedad del ser. En este capítulo nos enfrentamos a uno de los hechos más conmovedores del libro: la muerte de la perrita Karenin.

Tomás y Teresa se han retirado al campo, lejos de las persecuciones y del ajetreo de la ciudad. Para Karenin, al igual que para nuestros personajes, es posible que hayan sido los años más tranquilos y felices de su vida. La vida del campo es totalmente monótona y rutinaria y Karenin, que como todos los animales vive de la rutina, es feliz acompañando a Teresa en sus labores de pastoreo. Para ella, su relación con Karenin trasciende con creces la función utilitaria que cumplen los animales en el campo.

"La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna."

Este capítulo provocó en el club un largo debate alrededor del trato o el "uso" que tienen los animales en el campo y en la ciudad. Mientras que durante todo el libro se trenzaron relaciones en tensión entre lo débil y lo fuerte, o relaciones de malentendidos por las palabras que las median, la relación de Teresa con Karenin es simple y pura. Teresa ama a Karenin como es, no tiene que exigirle que sea diferente ni tiene que preocuparse porque la deje de amar o la abandone.  El amor de Karenin es, no mayor, pero sí mejor que el que la une con Tomás.

Los animales nunca fueron expulsados del paraíso. Como ya dijimos, su felicidad está en la rutina, en la repetición y quizá nuestra mayor diferencia con ellos es que no sabemos repetir o más bien que lo evitamos constantemente. Los motivos que se repiten en nuestra vida son producto de coincidencias o de motores inconscientes que guían nuestras acciones. Pero nuestra vida no se repite, lo cuál nos hace leves, insoportablemente leves.

El último sueño de Teresa que nos narra Kundera es tan analítico como premonitorio. En él, han recibido una citación y tienen que hacer un viaje en avión. Al llegar, unos hombres van a fusilar a Tomás y este se transforma en un conejito. Teresa toma el conejito y lo lleva a un hogar donde la esperan dos viejitos. Lleva al conejito hasta el cuarto -donde hay una mariposa- y se acuesta con él. Teresa analiza que ha llegado a donde quería, cuando en el capítulo 2 deseaba que Tomás fuera viejo y que fuera débil como ella. Pero esto la hace preguntarse a costa de qué ha debilitado a Tomás. Hizo que abandonara su carrera y su vida en Praga para hacerlo caer al nivel de ella y se siente culpable por esto.


Este capítulo está lleno de signos que van anunciando un cierre. En la composición musical que sería esta novela, es como si se fueran cerrando los motivos musicales de las vidas de Tomás y Teresa. Retirarse al campo quizás es la señal más clara, es un cierre de su vida como la conocíamos. El sueño de Teresa, que condensa varias de sus aspiraciones y sus sueños previos es otro de estos cierres. Ir a bailar fue uno de los momentos de la relación que vimos al principio y que ahora se repite, intensificado por la declaración de Tomás de que con esta vida por fin es feliz. Finalmente, la llegada a la habitación y la mariposa, aparece como un déjà vu del sueño, recordamos la imagen de Teresa con el conejito y recordamos también que a Teresa y a Tomás siempre les gustó dormir juntos.

Séptima sesión: 6. La Gran Marcha


El tema que Kundera expone magistralmente en este capítulo y alrededor del cual se centró nuestra discusión es el del kitsch.
Para introducirlo, primero nos sumerge en una discusión escatológica - metafísica: Dado que la mierda y el acto de defecar es parte fundamental del metabolismo humano, y dado también que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, ¿Dios también tiene intestinos y  por consiguiente, defeca? "La mierda es un problema teológico más complejo que el mal", nos dice el autor.

Detrás de estos profanos razonamientos, la pregunta de fondo es si el hombre ha sido creado de una manera aceptable o no, si el ser es bueno o no. Y aclara que el asco y el rechazo que produce la mierda no es un problema moral, sino  un problema metafísico: "O la mierda es aceptable o hemos sido creados (nosotros y el universo entero) de una forma inaceptable".

Así es como llegamos a la definición del kitsch: "El kitsch es la negación absoluta de la mierda". El kitsch busca eliminar todo lo que es inaceptable de la existencia humana. ¿Pero inaceptable para quién? Cada sociedad y aún cada persona tiene su propio kitsch basado en sus creencias.

Para desarrollar este concepto del kitsch, Kundera nos devuelve a la historia de Sabina. La rebeldía de Sabina contra los absolutos, contra las mentiras que disfrazan la verdad, no es otra cosa que un rechazo rotundo al kitsch soviético. La tendencia del realismo socialista, y en general el arte que producía el régimen en la época, era la de mostrar como el "bien" había erradicado al "mal" de los países comunistas. En las obras no podría haber asomo de duda, de conflicto o de crítica. Solo lo "aceptable" para el régimen podía ser retratado en el arte.

Sin embargo, al igual que le había ocurrido antes, al viajar a Occidente, Sabina comprueba que cada sociedad y cada régimen tiene su propio kitsch. Un hombre viejo señalando a unos niños que jugaban libremente se conmueve y le dice: esto es felicidad. Todo cuanto quiere retratar un mundo libre de elementos negativos y de lo "inaceptable", cae en el kitsch.

El kitsch, a su vez es la dictadura del corazón, es una forma de recordarnos y reconocernos como seres emotivos. Al hombre se le escurre una lágrima de felicidad al ver a los niños jugando y acto seguido, se le escurre una segunda lágrima por comprobar que es un ser sensible que se conmueve por estas cosas en conjunto con sus semejantes.

Sin embargo, aunque Sabina y muchos más dediquen su vida a huir del kitsch, el kitsch siempre nos alcanza, "forma parte del sino del hombre". Tanto así, que al cierre de este capítulo sabremos que varios de nuestros personajes murieron bajo el signo de un kitsch propio o ajeno:

Antes de que se nos olvide, seremos convertidos en kitsch. El kitsch es una estación de paso entre el ser y el olvido

Cómo parte de la discusión, comentamos algunos de los kitsch propios de cada uno y los kitsch del contexto y de la política nacional, que además se han puesto de manifiesto con más fuerza en estos días de crisis.

Sexta sesión: 5. La levedad y el peso


Para retomar el tema del peso y la levedad, Kundera parte nuevamente de Tomás, pero en esta ocasión lo hace a partir de una nueva forma de sucumbir ante el: regresando a la Praga tomada por los soviéticos detrás de la mujer que se volvió para el, un niño rescatado por las aguas en un cesto. La metáfora de Edipo, a pesar de su levedad, lo obliga a sucumbir al peso de Teresa y lo obliga a confrontarse nuevamente con otra decisión crucial. Para Tomás, la figura de Edipo tiene un doble significado. Su nacimiento a la deriva le recuerda a Teresa por un lado, pero sus últimos años de vida son metáfora de la condición actual de su país. Al igual que Edipo, muchos de sus compatriotas condenaron de buena fe a su país al tratar de salvarlo, lo cual abre un debate a partir de la noción de culpa. ¿Qué tan responsable es una persona que causa daño sin saber lo que hace? ¿Se le puede culpar si cree que va por el camino correcto? Tomás cree que al menos tiene que existir un reconocimiento de los propios actos, como Edipo al sacarse los ojos y esto lo condenará, pues tendrá que elegir entre retractarse por su opinión o aceptar una tergiversación de sus palabras.

La decisión que va a asumir Tomás la hará en nombre de Teresa. El peso de Teresa en su vida es lo que lo obligará a tomar esta decisión de peso (Es muss sein), de la misma manera que ha determinado los últimos pasos importantes de su vida. Ese mismo "es muss sein" que lo llevó a Zurich también lo obligó a regresar a Praga y de la misma forma, lo obligará a decidir nuevamente si debe dejar que otros hablen en su nombre. El mismo "es muss sein" lo llevará a abandonar nuevamente Praga, en nombre de Teresa: su memoria poética más fuerte. Si por un lado Teresa lo conducirá desde el peso, por otro lado, sus amantes y su colección de gestos particulares de cada una son rasgos de la levedad a la cual rechazará voluntariamente, pues sus amantes no son más que eso; rasgos fugaces. Teresa, por su parte, es el niño en la canasta salvado por las aguas, su "es muss sein" y la persona que hará volar en sueños.

Por otro lado, a pesar de estar guiado por el peso, sus decisiones le otorgarán levedad en una primera instancia. Una de las consecuencias que asume es el abandono de su profesión y de la imagen proyectada ante su entorno. Los lectores identificaron en la profesión de Tomás, un peso conectado a la vocación y a lo que de el se espera, también por la forma en que se conciben socialmente la cobardía y el valor. Kundera las determina a partir de los gestos y desde su percepción colectiva. Tomando en cuenta que la vocación de Tomás esté en riesgo, es entendible para todos que Tomás acepte retractarse, e incluso a partir de la sonrisa se lo harán saber. La cobardía en el colectivo es bien aceptada y su signo de aprobación es la sonrisa. Sin embargo, lo que implicó la decisión de Tomás fue vergüenza. La transformación de la sonrisa en la incomodidad de mirarlo lo liberan por un lado de la imagen que proyecta ante los demás, y por ende, de peso. Por otra parte, la sencillez de su nuevo empleo y el deseo de algunas personas por ayudarlo a través de ofrecimientos de trabajo, también son peso liberado.

Todo esto es lo que para Tomás implica elegir a Teresa y dejarse arrastrar por el peso de su memoria poética: el abandono forzado de todo lo que antes tenía, en nombre de ese "es muss sein" que lo arrastra y que inicialmente nació de algo tan leve como un grupo de casualidades. La metáfora de Teresa es tan peligrosa que es casi como si las mismas aguas que mueven al niño en el canasto, los arrastrara tan delicadamente como si volaran por encima de las estrellas.





Quinta sesión: 4. El alma y el cuerpo




En este capítulo regresamos de nuevo al personaje de Teresa y su ineludible caída a las profundidades de su ser. De hecho, el fragmento comienza con la certeza para Teresa de que Tomás le es infiel. A partir de este acto, todo es descenso, hundimiento para ella. Llama la atención que Kundera, muy a su estilo entre la narración y el ensayo, profundiza en este capítulo uno de los temas centrales de toda su novela y es la relación entre el individuo con la atmósfera de lo político, esa delgada línea entre lo privado y público, entre lo general y lo particular. Al tiempo que relata las peripecias de Teresa, su relación con Tomás, su experiencia como camarera y su intento de infidelidad, nos devela todo un mecanismo político de vigilancia y control de lo privado. No es casual la paranoia con la que Teresa termina el capítulo, pensándose perseguida, acusada, arrestada.



Teresa, en este capítulo, se ve enfrentada al tema de la identidad. Parece perdida de sí misma, no se reconoce, no sabe quién es, duda de la relación entre su cuerpo y su alma. Y esa duda la lleva a actuar por fuera de lo que siempre creyó, la obliga a explorar nuevas experiencias hasta el punto de que vive una aventura extramatrimonial. Y aquí es donde está la maestría de Kundera, porque este episodio que podría pasar como una infidelidad más entre tantas, tiene ahora una vinculación directamente pública. Puede que Teresa esté muy conflictuada con su alma o con su infidelidad, pero la situación política en la que está la lleva a pensar que la policía anda detrás de su cuerpo, que en algún momento dijo algo de más, que es culpable de algo que no sabe muy bien qué es: la conlleva a la paranoia.



Este fue el tema central del debate y reflexionando nos preguntamos, ¿cuál es el límite entre lo público y lo privado?, ¿hasta dónde llega el individuo?, ¿en qué momento un estado totalitario nos puede quitar lo que de único tenemos?, ¿cuáles son los espacios de privacidad que nosotros mismos nos damos si hacemos todo público por redes? Y volvíamos sobre una frase de Kundera que dice: “Las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano”.



Por otro lado analizamos la gran connotación simbólica que hay en el capítulo. Fundamentalmente con episodio del sueño de Teresa en el que Tomás la guía por un sendero de la revelación de su propia muerte hasta que ella confiesa que no ha sido por voluntad propia que llegó hasta allí y los verdugos la terminan soltando. Puede que Teresa ansíe su propia muerte y este sueño sea una especie de renacer. Quizás sea la revelación de la involuntariedad de sus decisiones. Se analizaron también elementos como el grito de Teresa, el espejo y el reflejo, la muerte de la corneja. Por último hay en Teresa un anhelo de retorno al campo, a lo natural como si fuera lo ingenuo, lo puro, o como lo dice textualmente Kundera, como el único camino hacia la salvación.



Como se puede ver, el debate propició, además de profundas reflexiones sobre los temas señalados, grandes preguntas alrededor de los totalitarismos, de la actual democracia, de las redes sociales como mecanismo de control. En esto honramos a Kundera.


Cuarta sesión: 3. Palabras incomprendidas


Si bien la tercera parte de la insoportable levedad del ser gira alrededor de la amplitud del significado de algunas palabras y conceptos según la persona que los acuñe, desde el principio los lectores identificaron una nueva dicotomía expresada desde dos personajes distintos a Tomás y Teresa: en este caso, se trata de Franz y Sabina, opuestos desde su contexto, oficios y posturas políticas manifestadas. No obstante, la palabra y el símbolo también adquieren una interpretación personal y específica a medida que el tiempo pasa: ejemplo de esto, el sombrero hongo de Sabina. En este caso particular, además del uso y el paso del tiempo, el objeto adquiere un significado cambiante debido a los códigos o lenguajes propios que se construyen con una pareja y no con otra. A pesar de esta capacidad de las parejas de construir un lenguaje común, las definiciones recopiladas en el pequeño diccionario de palabras (y expresiones) incomprendidas que abarca la mayor parte del segmento, giran alrededor de las definiciones opuestas de Franz y Sabina.

Kundera pone como punto de partida de estas definiciones, el contexto en el que cada uno de los dos crece y se desarrolla. En el caso de Franz, un científico casado y crecido en una patria capitalista y dedicado a la investigación y a la cátedra, los significados de determinadas palabras están cargados de una vitalidad que su mundo no posee y por lo tanto admira. La idea de una revolución socialista y de las manifestaciones como la autodeterminación de los pueblos está romantizada y raya incluso con lo ingenuo. Este es uno de los motivos que lo ata a Sabina. Para Franz, el lugar de proveniencia de Sabina, la patria con la que ella no se siente identificada, la vuelve un ser lleno de coraje y atractivo que viene de un lugar donde todo está por descubrir, a diferencia de todo el conocimiento ya esquematizado que reposa en los anaqueles de su universidad. Además, Sabina es mujer. Para Franz, obsesionado con su madre abandonada y con su esposa de carácter arrollador, esto es una virtud y no una característica con la que se nace. Citando a Kundera, "Franz prefiere el terreno de lo irreal a lo real" y todo esto determina su forma de definir desde lo opuesto el lenguaje que comparte con Sabina.

Por otro lado, Sabina surge de un ambiente carente de una madre y con la sombra de tres padres que lo abarcan todo: su padre biológico, la iglesia y el estado comunista. Sabina no tiene la visión romántica de las cosas que posee Franz. Manifestarse políticamente siempre ha sido para ella un asunto protocolario, su condición de mujer es una circunstancia más y no siente ningún afecto o sentido de pertenencia ni siquiera por sus compatriotas en el exilio. Lo absoluto la repele. Para ella, la luz es el medio que le permite ver con mayor o menor claridad. Un concepto que se puede relativizar. Sin embargo, es inconcebible como fuente cegadora o como total oscuridad. Ambos absolutos implican la imposibilidad de ver. Este desapego se debe a un rasgo determinante de Sabina que es su tendencia a lo leve. Cada paso a lo desconocido la libera más de ataduras, lo cual implica traicionar. Franz no concibe la traición. El considera a la fidelidad como el máximo valor. Tanto que verá en el amor y la fidelidad una entrega total que Sabina no aceptará. Seguirá traicionando y traicionándose hasta que la levedad se le vuelva insoportable, mientras Franz, a pesar del abandono de Sabina, le será fiel a ella casi religiosamente, de la misma forma que seguirá el camino de la Gran Marcha como oposición a la levedad y el camino a lo desconocido que es la traición.

Tercera sesión: 2. El alma y el cuerpo (continuación)

Los sueños de Teresa empezaron a dividirse en tres grandes grupos: el padecimiento, la muerte y el "después de la muerte". Los tres tenían en común que exponían su cuerpo como un simple mecanismo perecedero. Sin embargo, Kundera describe los sueños como una actividad estética y en el caso de los sueños de Teresa, aunque para ella sean una tortura,  tienen a Tomás fascinado por su belleza.

Todos los sueños cargan un significado muy claro: Teresa siente que las infidelidades de Tomás la ubican en el terreno de la madre, ese terreno del cuál siempre quiso escapar en el que un cuerpo es igual a otro y los cuerpos se muestran sin pudor en sus dimensiones más grotescas. ¿Será que el único camino para ella es volver al lado de la madre y sucumbir para siempre en esta lógica?  Ese es un abismo que la seduce como una especie de vértigo, como un oscuro deseo de volver.

Teresa quiere entender a Tomás para que ya no le pese tanto lo que él hace, así que intentando entrar al mundo oculto de las infidelidades de Tomás, se acerca a Sabina.  El encuentro entre ellas dos es tan paradójico como atractivo. Primero Teresa mira los cuadros de Sabina y comprende el motivo transversal en los cuadros de la artista: paisajes realistas en los que una hendidura deja ver formas abstractas e incomprensibles.
"Delante había una mentira comprensible y detrás una verdad incomprensible."
Teresa comienza a fotografiar a Sabina e intenta refugiarse en su aparato para intentar abstraer una mirada objetiva de la situación. "La cámara le servía a Teresa simultáneamente como ojo mecánico con el cual observaba a a la amante de Tomás y como velo con el cual se cubría la cara ante ella". Sabina le pide a Teresa fotografiarla ahora a ella y con eso le arrebata su velo de defensa. Es entonces cuando surge la orden: Desnúdate. Una orden que ambas mujeres habían escuchado en boca de Tomás, ambas lo saben, pero ahora es Sabina quien se la dice a Teresa.

Cuando los soviéticos invaden Praga, reaparece la cámara de Teresa, pero esta es ahora un arma. Los rusos no se esperaban ese tipo de ataques y no saben reaccionar a ellos. Teresa saca fotografías de jóvenes checas que se besan frente a los soldados rusos en un gesto de provocación ofensiva. Al mudarse a Suiza, Teresa le lleva esas fotos a una revista esperando conseguir trabajo, y la respuesta que obtiene es que los contenidos que allá buscan son mucho más frívolos. El arma que no pudieron neutralizar los rusos, es anulada en Europa occidental y Teresa resulta aislada de su oficio de fotógrafa: es demasiado "anacrónica".

Aislada en Suiza y sabiendo que Tomás sigue siendo infiel, Teresa logra dimensionar su propia debilidad. Ella es débil y Tomás es fuerte, lo único que puede hacer es alejarse de su lado, ahogarse en una borrachera de la debilidad, volver a Praga o quizá, incluso, volver al lado de su madre, donde no pueda caer más bajo. De nuevo un vértigo.

Tomás va tras ella y siente una especie de alivio. Si, ya reconoció que él es fuerte y ella débil, pero pese a eso, fue él quien eligió volver a su lado. De nuevo siente cómo las casualidades se agolpan en el momento de la reconciliación y siente que todo marcha como debe ser...

Segunda sesión: 2. El alma y el cuerpo


 "Teresa nació de una barriga que hacía ruido". Con esta sencilla afirmación, Kundera nos recalca que Teresa es un personaje, no un ser humano, y que no espera de nosotros que pasemos la ficción por realidad. Además de eso, nos presenta al personaje como idea, es decir que más allá del papel que jugará Teresa en la historia, Teresa es una idea en desarrollo de Kundera. Y esta idea es la de la separación del cuerpo y el alma.

El sonido de las tripas de Teresa, la aqueja el día de su primer encuentro sexual con Tomás. Ella ha llegado al apartamento de él y le empiezan a sonar las tripas. Por más que se esforzó porque este momento fuera perfecto, su cuerpo ha traicionado a su alma, evidenciando que la unión entre estos dos es solo ilusoria. Sin embargo, aunque Teresa no lo entienda, fue precisamente la enfermedad (del cuerpo traidor de Teresa) la que hace que Tomás se apegue a ella como si se tratara de un niño desamparado que le llegó río abajo en un cesto.

El problema del cuerpo y el alma es la obsesión de Teresa. Siempre se miró largo rato al espejo esperando descubrir un atisbo de su alma, algo que hiciera que ese cuerpo suyo fuera diferente a los millones de cuerpos.

Kundera nos explica que toda esta obsesión le viene de su madre. Su madre había sido muy hermosa y había tenido nueve pretendientes. Sin embargo, había tenido que casarse con el hombre que la dejó embarazada de Teresa. La madre sentía que aquella elección forzosa había arruinado su vida y en su fuero interno culpaba a su hija, privándola del amor y comprensión que esta buscaba. Al notar su belleza y  su juventud extintas, la madre de Teresa decidió erradicar de su vida la vergüenza y exhibir la fealdad y el deterioro de su cuerpo.

En el mundo de la madre, Teresa no tenía derecho a su individualidad y por eso buscaba, escondido en algún lugar de su rostro o de su cuerpo, un sello de su alma. La madre le censura esta búsqueda y le recalca permanentemente que la belleza es pasajera y que el cuerpo es poco más que una máquina profana. Teresa necesita escapar y está a la búsqueda de una señal que le indique que ha llegado de irse. Esta señal aparece cuando Tomás llega a tomarse un trago al restaurante donde ella trabaja y las causalidades que rodean su llegada, cobran un sentido de composición musical para ella. El libro que el pone sobre la mesa, la música de Beethoven que suena en la radio, el número 6 de la habitación en la que él se hospeda, todo cobra sentido gracias a lo que Kundera llama un sentido de belleza.

No es que tengamos un destino previsto, ni que los acontecimientos se sucedan como en una película, lo que pasa es que nuestro sentido de belleza comienza a resaltar ciertos sucesos y a convertirlos en una composición musical. A lo largo de la vida los motivos musicales empiezan a repetirse y a adquirir significado. Nos volvemos también más sensibles a su repetición. Pueden parecer casualidades, de las mismas que abrumaban a Tomás en el capítulo anterior, "¿pero un acontecimiento no es tanto más significativo y privilegiado cuantas más casualidades sean necesarias para producirlo?"

Tomás fue un llamado de un mundo que a Teresa le había sido privado y fue el mundo de la ciudad, de la cultura ilustrada y de la belleza. Tuvo la osadía de empacar su vida en una maleta y marcharse a Praga a tocar la puerta de Tomás para ser admitida en su vida. Al llegar, su cuerpo la traiciona y empiezan los síntomas de la gripa, lo cual no le impide hacer el amor con Tomás apasionadamente. Mientras hacen el amor, ella grita con todas sus fuerzas, pero no era un grito de placer, ni un grito de dolor:

"Quien gritaba era el propio idealismo ingenuo de su amor que quería ser la superación de todas las contradicciones, la superación de la dualidad entre el cuerpo y el alma y quién sabe si la superación del tiempo"
 Después de un tiempo de esta nueva vida con Tomás, aparece el que será su tormento durante los años siguientes: los celos por las constantes infidelidades de Tomás. Conscientemente se dice a sí misma que no es una gran tragedia, que más allá de eso está el amor que se tienen, pero en las noches, sus sueños la atacan como un enemigo silencioso implacable. Sueña que Tomás la hace marchar desnuda entre otras mujeres alrededor de la piscina, en una marcha macabra en la él puede dispararle a cualquiera de ellas a voluntad.


Continuamos la discusión de este capítulo en la siguiente sesión --->

Primera sesión: 1. La levedad y el peso


¡Inició nuestro club de lectura de cuarentena!

Después de hacer una breve introducción al autor y su contexto, hoy comentamos la primera parte de La insoportable levedad del ser.  

SESIÓN 1:
EL PESO Y LA LEVEDAD:
Discusiones acerca de las primeras dicotomías.
La discusión entre los lectores arrancó a partir de la dicotomía planteada entre peso y levedad y de qué forma está relacionada con el eterno retorno. Kundera lo plantea a partir de un punto de vista histórico y relaciona la levedad de un hecho con su imposibilidad de repetición, mientras que la idea del peso la relaciona a la imposibilidad de la fugacidad de un hecho histórico. La dicotomía entre peso y levedad resulta ser una constante en todos los aspectos de esta primera parte: desde las características fundamentales de los personajes como lo que para Tomás significan Teresa y Sabina respectivamente, desde el tipo del lenguaje que se utiliza e incluso desde las imágenes que consciente o inconscientemente el autor utiliza no solo narrativamente, sino también expositivamente.
La dicotomía entre peso y levedad en las imágenes usadas por Kundera son evidentes en ideas como las del sueño, como bien expusieron los lectores en sus intervenciones. Mientras que la idea de soñar puede estar relacionada con el aire y la elevación de los pensamientos que cruzan por su cabeza, el peso se encuentra en el cuerpo dormido de Teresa y en las imágenes mismas de sus sueños. La idea de su cuerpo replicado, muerto, terrenal y amenazado por la idea de la infidelidad le trae a Teresa ese dolor físico que implica la pesadez. Además, los sueños de Teresa son cíclicos, lo cual indica una tendencia a la repetición y una relación onírica y personal con el eterno retorno. Algo similar sucede con la fiebre de Teresa, pues aunque su enfermedad implique la imposibilidad que ella tiene de salir del lecho de Tomás, Kundera describe esa sensación desde la perspectiva de Tomás a través de la metáfora de un recién nacido salvado que flota en el agua dentro de una canasta. Algunas de las imágenes que los lectores notaron no responden necesariamente a esa dicotomía, sino únicamente a uno de sus polos. Por ejemplo, en el caso del peso, la llegada del ejército y las fuerzas armadas a Praga, y en el caso de la levedad, los susurros de Tomás al oído de Teresa y la imagen de boceto incompleto que usa el autor para presentar a Tomás. (Pienso en Tomás desde hace años, pero no había logrado verlo con claridad.)
La discusión alrededor de peso y levedad también se llevó al ámbito del lenguaje y no solamente de las imágenes. Desde el principio, los lectores notaron que Kundera tendía a explicar a partir de expresiones, palabras, etimologías y proverbios esta misma dicotomía, como por ejemplo en la expresión “Einmal ist Keinmal” referida principalmente a la fugacidad de las cosas que suceden una sola vez, y por lo tanto, a su levedad. Por oposición a esa misma idea, Kundera hace referencia a otra expresión alemana introducida por Beethoven: “es muss sein”. A partir de esta expresión que también es usada como melodía en uno de sus cuartetos de cuerdas, se insinúa la idea de un destino y la real importancia de las decisiones de peso. Sin embargo, Kundera también expone que en el caso de la palabra “compasión” y su etimología, según el idioma, esta puede adquirir una connotación más cercana al peso o la levedad. En su raíz latina, “compasión” implica el compartir una carga pesada, mientras que en su raíz germánica la palabra se refiere a la idea de compartir un sentimiento, no necesariamente negativo.
La discusión concluyó con la pregunta que planteó Kundera acerca de si peso y levedad se deberían valorar positiva o negativamente, sobre todo cuando el personaje de Tomás se debate entre ambos extremos al momento de tomar una decisión con respecto a su amor hacia Teresa. Para Tomás, la discusión no tiene un sentido moral. Está más relacionada con su destino que con la dicotomía entre correcto e incorrecto. A la larga, Tomás elegirá el “es muss sein”. A pesar de no estar mencionada dentro del texto, también se concluyó con una pequeña discusión acerca de cómo la relación entre peso y levedad con el eterno retorno también existe en el mito de Sísifo y la idea de cómo en esta dicotomía también la vida puede encontrar un sentido, de la misma manera que lo hace Tomás.




Comienza el club de lectura

Les anunciamos que la primera reunión del club de lectura será este miércoles 18 de marzo. Nuestra primera lectura será La insoportable levedad del ser del autor checo Milán Kundera. Vamos a comenzar leyendo la primera parte (La levedad y el peso). Para quienes no cuenten con el libro en físico, les comentamos que lo pueden encontrar en digital siguiendo este enlace:

https://freeditorial.com/es/books/la-insoportable-levedad-del-ser/

La reunión se llevará a cabo por medio de la plataforma zoom en el siguiente enlace: https://us04web.zoom.us/j/857782136?pwd=ZXVWcEJWbGtlSHBGdTBEV2FXbXozZz09